La gran odisea de agregar nuestro valor en el delivery

La pandemia sin lugar a dudas nos trajo enseñanzas a todos, pero si hay algo de lo que todavía tenemos que aprender es sobre cómo diferenciarnos a través de un delivery. Es que siempre escuché que la propuesta de valor (totalmente vacía) es “la experiencia que le briandamos al cliente”. Digo vacía porque no sólo que está cargada de ese ego emprendedor que tenemos todos, sino que también es fácilmente revocable porque ahora que esa experiencia se traslada al domicilio y, tenemos que “resumirla” para que entre en una caja de 60×60 como mucho.
Es ahora cuando vemos una lluvia de copiones o Copycats (versión cool), porque si a uno se le ocurre ponerle al packaging un moño, de seguro vamos a ver varios envíos similares. Esto se debe a la falta de creatividad, carencia de innovación y dificultad de las circunstancias. Lo mejor que podemos hacer es estudiar nuestra cadena de valor para ver cómo podemos “deliveryzar” (amo inventar palabras) cada uno de sus eslabones
.

Entonces, les propongo analizar el caso de un gastronómico convencional. En la imagen vemos primero la cadena de valor con la que la gran mayoría venía trabajando antes de la pandemia y, abajo vemos como la mayoría continuó trabajando durante la cuarentena. Es que quiero preguntarte Tu cliente seguirá siendo el mismo? Es obvio que no! Los hábitos de consumo han cambiado drásticamente y es por eso que tenemos que innovar en nuestra forma de transmitir nuestro valor. Aquí es donde siempre me frenan con un “recordá que no tengo plata para invertir”, lo que tenemos que saber es que se puede lograr una gran innovación con $0.
Bueno vamos al grano, nuestra propuesta de valor no puede estar relacionada con lo que le vendamos a nuestro cliente, tiene que fundarse en nuestra identidad, nuestros valores y nuestra cultura porque eso es lo más contagioso que hay para nuestro cliente.

Vende el problema que solucionas, no el producto.

Ahora que tenemos que contagiar nuestra identidad, vamos de lleno a reformular nuestra cadena de valor para la “deliveryzación” (si, voy a seguir inventando palabras).

Vemos un modelo que simplemente se me ocurrió. ¿Por qué no agregar algo al pedido del cliente que lo remita inmediatamente hacia la identidad de la empresa? No requiere inversión, si requiere ingenio pero los resultados van a canalizarse como una fidelización instantánea en la mayoría de los consumidores. Y no nos olvidemos de este clásico eslabón que muchos olvidaron, quizás por el día a día o por lo que sea, pero siempre es buen momento para aplicarla y ¡más ahora!. Estamos hablando del Posventa, esas acciones que implementamos después que se realiza la venta. Que genial sería que podamos analizar directamente las palabras de nuestro cliente para saber en qué podemos mejorar o también, podemos pedirles que nos cuenten más de ellos para estar atentos a futuras sorpresas fidelizadoras que podamos llegar a aplicar.


Por Leandro Fernández
Coach Empresarial
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